Por la huella que dejó en los dos años (1997-99) que vistió su camiseta, por las veces que se ha dicho, incluida su hermana y representante Natalia, que tarde o temprano entrenará al Inter de Milán, y por lo que hay en juego, el partido de ida de los octavos de final de la Champions tiene una doble carga para Diego Pablo Simeone. Será todo un examen desde su condición de entrenador. El Inter de Simone Inzaghi, actual subcampeón del torneo, gobierna la Serie A con un fútbol sólido, rápido y vertical que amenaza seriamente la continuidad de los rojiblancos en la competición. Desde su condición de exjugador vivirá un volcán emocional. Simeone fue idolatrado en San Siro. “En solo dos años conquistó a la afición del Inter porque era un jugador de carácter, guerrero, con mucho corazón y muy apasionado. Al principio le pitaban porque no jugaba bien, el calcio era diferente al fútbol español, pero él era inteligente y terminó por adaptarse. Fue un centrocampista espectacular en el trabajo que hacía para el equipo y también por los goles que marcaba”, recuerda el legendario defensa Giuseppe Bergomi, campeón del mundo con Italia en España 82 y uno de los capitanes de aquel equipo. “Fueron los dos mejores años de mi carrera, guardo un bello recuerdo de mis compañeros y de la gente. Me han querido un montón y yo siempre di lo máximo. Siempre hay algo que sientes por dentro cuando llegas a un lugar en el que quieres a mucha gente”, se sinceró este lunes Simeone

También San Siro fue el escenario en el que Simeone perdió en 2016, ante el Real Madrid y en la tanda de penaltis, la segunda oportunidad de coronar al Atlético campeón de Europa. Allí también, en una carpa adosada al coliseo, Simeone encogió el estómago de la hinchada rojiblanca y del club cuando por sorpresa, abatido por la dolorosa derrota, pidió tiempo para reflexionar y cerciorarse de si tenía fuerzas para levantar al plantel de sumar al mazazo de Lisboa en 2104 este otro dos años después. Aquello se solucionó después de un viaje de Miguel Ángel Gil Marín a Buenos Aires en el que el máximo accionista del club y el director deportivo, el italiano Andrea Berta, le dieron el calor que decía necesitar y mucho cariño pecuniario.

Milán, ciudad que visita a menudo con su mujer, y en general Italia, su patria chica, sobreexcitan a Simeone. Entre los recuerdos más arraigados a su infancia están las pizzas de los domingos, su día favorito desde entonces porque mientras engullía el manjar también devoraba partidos de la liga italiana, del Nápoles de Maradona a poder ser. El calcio le entró en vena y ya pudo disfrutarlo como jugador a los 18 años en el Pisa. Al Inter llegó más maduro procedente del Atlético de Madrid a cambio de siete millones de euros. Por entonces, la Serie A era competitiva y económicamente la meca que después fue la Liga española y ahora es la Premier League. Simeone daba el perfil de los futbolistas notables que buscaba el acaudalado dueño de la sociedad, Massimo Moratti, para apuntalar el ambicioso proyecto que le había prometido a Ronaldo Nazario. “Era un líder en el vestuario y en el campo. Tenía la competitividad de los argentinos, la pasión y siempre hablaba de fútbol y de las tácticas. No sé si llamarlo obsesión, pero vivía mucho el fútbol. Los jugadores de la temporada 97-98 tenemos un grupo de whatsapp y el Cholo siempre responde, aunque tenga partido de Champios”, asegura Bergomi.

Con Ronaldo, el Cholo tuvo un roce por cómo se repartían las primas que aún se recuerda en Italia. El goleador brasileño era partidario de que los premios fueran para todo el plantel mientras Simeone defendía que debían percibirlos solo los jugadores que fueran convocados para los partidos. “No fue para tanto, fue un tema que al final se solucionó hablando con los dueños de la sociedad”, asegura Bergomi. Si con Ronaldo tuvo piques hasta en los entrenamientos, con Javier Zanetti, actual director del Inter, selló una estrecha amistad que aún perdura.

Con Simeone todo suele ser muy intenso y aquellos dos años en el Inter no lo fueron menos. Fue el cabecilla del equipo bajo la dirección de Gigi Simoni, con el que ganó una Copa de la UEFA y rozó el scudetto en su primer año. Cuando finalizó el segundo, ya sin Simoni en el banquillo, Marcelo Lippi sugirió a Moratti su venta al Lazio en una operación en la que entró también el pase de Christian Vieri al Inter. “El traspaso de Simeone es una cuestión técnica”, esgrimió Moratti. “Moratti le dio carta blanca a Lippi y fue el fin de Simeone, el de Pagliuca y yo me retiré”, abunda Bergomi, El movimiento no fue del agrado del argentino. Se había identificado mucho con el club y con una hinchada que le cantaba en San Siro “Diego Pablo Simeone corre e lotta como un leone”. Los tifosi apreciaban su molde de centrocampista guerrillero, cacique y llegador, autor de goles memorables en los derbis con el Milan o de aquel que culminó la remontada al Estrasburgo en la citada Copa de la UEFA del 98. El conjunto francés se había impuesto en la ida (2-0) y Simeone marcó el tercero del Inter después de deshacerse de dos rivales con un control de pecho en la frontal del área y un autopase.

Con un gol también se desquitó del despecho que sintió con su marcha del Inter, pero también le afloraron los sentimientos. El calendario deparó que en la última jornada de la temporada 2001-02 el Inter visitara al Lazio. Una victoria le daba el campeonato a su ex equipo, que cayó derrotado 4-2 y perdió el título. Simeone hizo el 3-2 de cabeza. “Cuando golpeé el balón pareció que el tiempo se detenía. Fue un gol que enfadó a mucha gente que me importaba, todos me miraban como si me dijeran: ‘qué has hecho?”, relataría Simeone años después. El 4-2 lo marcó Simone Inzaghi, que hoy examinará desde el banquillo de al lado a este Atlético menos aplicado a los rigores del calcio. Aunque si los Di Marco, Bastoni, Mkhytarian, Barella, Çalhanoglu, Lautaro o Thuram aprietan en exceso y hay que defender que la eliminatoria llegue viva al Metropolitano, Simeone no tendrá reparos en acomodar a su equipo en el campo con su traje más italiano. “En la Champions sube el nivel en todos los sentidos y hay momentos en los que se puede jugar bien y otros en los que hay que sufrir”, admite Koke.

“El Inter está entre los cuatro mejores equipos de Europa, la liga italiana habla por sí sola. El año pasado jugaron una gran final contra el Manchester City. Ahora compiten con más seguridad. Me gusta mucho, juegan concreto, simple, y a veces, las cosas simples son las que mejor salen. Será un partido de duelos, el que más gane, tendrá más posibilidades”, vaticinó Simeone.

“Diego también ha evolucionado como entrenador, ya no es solo defensa y contragolpe. El Atlético puede tener varios registros”, apunta Bergomi, que prefiere no pronunciarse sobre un futuro con Simeone en el banquillo de San Siro: “El Inter está ahora en buenas manos”..

Puedes seguir a EL PAÍS Deportes en Facebook y X, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

_